5.17.2008

Es tiempo de cambios, de revoluciones.

Tras sentir mi identidad robada, mis colores imitados, tras gritar por protesta, tras gritarme a mí misma… después de perder, de llorar, de sentir la espesa oscuridad nocturna… después de sentirme en completa soledad; de sentarme a esperar algo, sin saber exactamente qué…

Es tiempo. Es tiempo de emitir una protesta formal ante mí misma. No pienso reclamar nada. Ninguna de las mentiras elaboradas, de las falsas promesas, de los chantajes concientes o inconcientes. Caí ante todo eso con falsa ingenuidad, con el deseo de aferrarme a la idea de un mejor mañana. Me levanto en armas contra mí misma, no buscando herirme, mas bien anhelando una estocada que corte de una vez con los fantasmas de asuntos pendientes.

Emito una disculpa. Por las promesas que quise cumplir y ya no haré. Por el futuro ahora incierto. Por los secretos que sigo guardando con afán de protegerte.
Por haber permitido que esto llegara tan lejos. Tanto que ya no hay vuelta atrás.

La magia se disipa, hemos comprendido. Es la última vez que escribo para ti. Quizá sea también la última vez que una lágrima se arrastre por mi mejilla en tu honor. Quizá sea también la última vez que te pase lo mismo. O tal vez no. No me detendré en este pensamiento.
Hoy sé que me quiero despedir.

Y eso haré.

Gracias por los recuerdos, las risas, los momentos que no podré olvidar jamás.
Gracias por el aprendizaje que hoy me llevo de ti.

Adiós
–y esto es, verdaderamente, lo más difícil y tardado de escribir-.