2.11.2007

… ¿y si tan sólo por hoy pretendemos amarnos, fingimos querernos... y nos entregamos al deseo?
Qué importa si mañana no queda más que una lágrima seca en mi mejilla, una sonrisa ingenua en tu boca… y una amistad que florece ante los secretos más perfectos que podremos inventar.

Si te quiero es mejor que no lo diga. Si me quieres es mejor que no lo muestres. Si conjugamos este verbo en nuestros cuerpos perdería la cordura que me queda, cedería ante todos tus deseos… y exigiría el cumplimiento de los míos.

Si sucumbir ante tus labios es hundirme en la amargura, no me importa correr el riesgo, pues se que en tiempos futuros, al pensar en el ayer, en tu recuerdo, recordaré el éxtasis de tal instante, reviviré lo agridulce del momento, y sé que omitiré cualquier dolor en consecuencia de mis actos, pues no importa que tan fuerte sea, saldré adelante.

Se que estoy jugando con fuego… y sin embargo, ha sido tan frío este invierno, que no tengo otra elección.